Recibir un comentario del colegio sobre la posibilidad de que un hijo presente dificultades compatibles con un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) puede generar muchas dudas. Es habitual que los padres se pregunten qué hacer si el colegio detecta TDAH o menciona comportamientos que llaman la atención en el aula.
Lo primero que conviene saber es que el centro educativo no puede diagnosticar un TDAH, pero sí puede observar determinadas conductas que justifican recomendar una valoración especializada.
En muchos casos, estas observaciones son el primer paso para identificar las necesidades reales del niño y ofrecerle los apoyos más adecuados, tanto en el ámbito escolar como en el familiar.
Qué significa que el colegio haya detectado señales de alerta
Los docentes pasan muchas horas al día con los alumnos y pueden comparar su comportamiento con el de otros niños de la misma edad. Por ello, es frecuente que detecten determinadas dificultades relacionadas con la atención, la impulsividad o la hiperactividad.
Algunas de las señales que suelen observarse son:
- Dificultad para mantener la atención durante las tareas.
- Tendencia a distraerse con facilidad.
- Problemas para terminar actividades o seguir instrucciones.
- Impulsividad al responder o actuar.
- Movimiento constante o dificultad para permanecer sentado.
- Organización deficiente del material escolar.
- Olvidos frecuentes de deberes o tareas.
Sin embargo, estas conductas no significan automáticamente que el niño tenga TDAH. Existen muchas otras situaciones que pueden provocar síntomas similares, como dificultades específicas del aprendizaje, ansiedad, problemas emocionales, alteraciones del sueño, altas capacidades o incluso circunstancias personales o familiares que afectan a su rendimiento.
Por este motivo, las observaciones del colegio deben entenderse como una señal para profundizar en la situación, no como un diagnóstico definitivo.
Primeros pasos a seguir como familia
Cuando el colegio comunica sus preocupaciones, lo más recomendable es actuar con tranquilidad y recopilar toda la información posible antes de sacar conclusiones.
Estos son algunos de los primeros pasos que conviene dar.
Hablar con el tutor y el equipo educativo
Solicitar una reunión con el tutor permite conocer con detalle qué comportamientos han observado, en qué situaciones aparecen, desde cuándo se producen y cómo afectan al aprendizaje o a la convivencia.
Cuanta más información exista sobre el funcionamiento del niño en el aula, más útil resultará para la posterior evaluación.
Observar el comportamiento en casa
También es importante valorar si esas mismas dificultades aparecen en otros contextos.
Por ejemplo, conviene preguntarse si el niño tiene problemas para concentrarse al hacer los deberes, si le cuesta seguir instrucciones, si olvida constantemente sus responsabilidades o si muestra impulsividad en casa y durante las actividades de ocio.
Esta información ayuda a obtener una visión más completa de su funcionamiento cotidiano.
Solicitar una evaluación especializada
Si las dificultades son persistentes y aparecen en diferentes entornos, el siguiente paso es realizar una evaluación psicológica o psicopedagógica completa.
El objetivo de esta valoración no es únicamente confirmar o descartar un posible TDAH, sino identificar el origen real de las dificultades y determinar qué tipo de apoyo necesita el menor.
Una evaluación adecuada permite diferenciar el TDAH de otros problemas que pueden presentar síntomas similares y establecer un plan de actuación individualizado.
Qué NO conviene hacer en esta primera fase
Ante la preocupación por el rendimiento escolar, es normal buscar respuestas rápidas. Sin embargo, algunas decisiones precipitadas pueden aumentar la incertidumbre o retrasar la intervención adecuada.
Lo más recomendable es evitar sacar conclusiones basándose únicamente en comentarios de otras personas, información encontrada en internet o comparaciones con otros niños.
Cada menor presenta unas características propias y necesita una valoración individualizada.
Evitar el autodiagnóstico y las etiquetas precipitadas
Uno de los errores más frecuentes es asumir que el niño tiene TDAH únicamente porque presenta despistes, inquietud o dificultades para concentrarse.
Aunque estos síntomas pueden formar parte del trastorno, también aparecen en muchas otras situaciones del desarrollo infantil.
Del mismo modo, tampoco es aconsejable minimizar las dificultades pensando que «ya madurará» sin valorar previamente qué está ocurriendo.
La mejor forma de despejar las dudas es realizar una evaluación completa que analice aspectos como la atención, las funciones ejecutivas, el desarrollo cognitivo, el rendimiento académico, el funcionamiento emocional y el contexto familiar y escolar.
Solo después de este proceso es posible establecer conclusiones fundamentadas y proponer las medidas de apoyo más adecuadas.
Cómo es el proceso de evaluación diagnóstica
La evaluación del TDAH requiere un estudio exhaustivo y nunca se basa en una única prueba.
El proceso comienza con una entrevista detallada con la familia para conocer la historia evolutiva del niño, sus antecedentes y las dificultades observadas tanto en casa como en el colegio.
Posteriormente se realizan diferentes pruebas estandarizadas que permiten evaluar la atención, el control de impulsos, las funciones ejecutivas, el funcionamiento cognitivo y otras áreas que pueden estar relacionadas con las dificultades presentadas.
Cuando resulta necesario, también se recopila información del centro educativo mediante cuestionarios o informes del profesorado, ya que el comportamiento del menor debe analizarse en distintos contextos.
Finalmente, todos los resultados se integran en una valoración clínica que permite determinar si las dificultades son compatibles con un TDAH o si existe otra explicación que requiera un abordaje diferente.
A partir de estas conclusiones se ofrecen recomendaciones personalizadas para la familia y el colegio, así como las pautas de intervención más adecuadas para favorecer el desarrollo y el aprendizaje del niño.
Resolver las dudas cuanto antes permite intervenir de forma más eficaz
Escuchar que el colegio ha detectado posibles señales de alarma puede generar preocupación, pero también supone una oportunidad para conocer mejor las necesidades del menor y ofrecerle el apoyo adecuado desde el principio.
Una evaluación profesional permite comprender qué está ocurriendo realmente, evitar diagnósticos precipitados y diseñar un plan de actuación adaptado a cada niño.
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